Nunca habrá demasiado chocolate

La lágrima cayó en picado hacia las hojas escritas hacía tan solo unos minutos. Esa gota, una sola se permitió derramar mientras suspiraba sonoramente. Tenía una caligrafía cuidada, rozando casi la perfección, nada que ver con su aspecto físico. Releyó por última vez la carta, y se quedó contemplando la posdata. “Las flores de la colcha aun no se han marchitado”. “Ni mi esperanza” le hubiera gustado añadir pero decidió no tentar a la suerte. Abrió un sobre color crema que había comprado especialmente para proteger sus palabras, introdujo los folios y lamió los bordes para sellarlos. Con sus rechonchos dedos acarició el nombre del destinatario que había impreso con meticulosas letras mientras apretaba los dientes para no llorar, interiorizando el dolor que ese nombre le producía. No hacía tanto tiempo que la vida le propinó un buen golpe y a juzgar por la herida, aun era demasiado pronto para enfrentarse al pasado. ¿O quizás no? El dolor no se podía mitigar con nada, salvo con el tiempo y buenas dosis de chocolate suizo. Rompió dos onzas de “Läderach” extra  amargo, como su corazón, y se lo llevó a la boca. De repente sonó el teléfono de la cocina y maldijo un par de veces por tener que dejar su único y dulce consuelo. “¿Si?” masculló mientras contemplaba la desértica despensa. “¿Eric?” se oyó una voz de mujer al otro lado del teléfono. El frio de su corazón traspasó las barreras impuestas hasta posarse en sus ojos. “No. Digo si. ¡¡Claro que soy Eric!! Dime… ¿Elena?” dijo con la mayor indiferencia posible. “Oh Eric ¿Quién si no? ¿Cómo estás? Cielo, es papá” chilló Elena dirigiéndose a su hija. Eric dejó el teléfono descolgado al lado de una fotografía donde aparecían una pareja con un bebé en brazos y una niña de ojos verdosos idénticos a los del hombre. Fue directo a coger el chocolate, engulló un par de onzas sin casi masticar y arrancó la carta de su escritorio. Se dirigió sin pausa hasta las chispeantes llamas que desprendía la chimenea  y echó la carta al fuego sin miramientos. La herida sangraba a raudales, era demasiado pronto para enfrentarse a esa voz cantarina y alegre que tanto quería pero que tanto daño le hizo. Con gran esfuerzo se sentó en la tupida alfombra  y contempló como se marchitaba su esperanza.

fotografía: weheartit.com / Texto: Infinity Hope©
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4 pensamientos en “Nunca habrá demasiado chocolate

  1. Quiero más! Sencillamente genial guapi 🙂 Es curioso, pensaba que se trataba de una chica hasta que ha llegado el nombre de Eric, me he quedado desconcertada, jeje
    Un beso!

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