Como pompas de jabón

Tengo una duda, una endemoniada duda que no se va con ningún tipo de ayuda. Es ‘La Señorita Duda’. He intentado con todas mis fuerzas extinguirla y sigue aquí, a mi verita, esperando algo de mí. “¿Me permites? ¿Por favor?” me gustaría rogarle. Hay días que esa duda me persigue por la calle, la veo correr hacía mi parada del metro y salgo despavorida hacía un taxi, o hay días que se instala conmigo en la bañera llena de espuma y la miro. La observo. Le tiendo la copa de Moët Rosé Impérial. Le ofrezco la botella. Y mi paciencia empieza a derrumbarse después de varios litros de alcohol por mi organismo. Se acerca centímetro a centímetro hacia mi piel, apartando a su paso pompas de jabón y cuando creo que (¡Por fin!) voy a saber el porqué de esta intrusión vuelve a retirarse. Observándome desde su trono de hielo, con su perfecta arrogancia y su esbelta sonrisa. Una noche a medio desmaquillar traté, en vano, de convencerla para partir, para decirle que era libre. “You aaaaare free. FREE! Please?”. No dio ningún resultado porque seguía aferrada a mí, mucho peor que un michelín navideño. Poco a poco me fui acostumbrando a que La Señoritacampara a sus anchas por mi salón, por mis sentimientos, por mi cocina, por mi pasado, por mi trabajo, por mis amigos, por mi presente, por mi familia, por mi… No. No. ¡NO! Por mi futuro no. “¿Cómo voy a dudar de mi futuro?” pensé una tarde en clase de body pump. Salí a trompicones de la sala disculpándome atropelladamente con la gente debido a mis contoneos, propios de un equilibrista, para así evitar todo contacto físico. Mi mente sabía cómo marcarle el camino de huida a La Señorita, iba a construir el mejor cartel de salida de la historia, con colores flúor y neones, muchos neones para que no se perdiera. Llegué a mi taquilla hiperventilando, con una sonrisa maléfica en los labios y escarbé en la mochila hasta dar con el móvil. A mi alrededor había un coro góspel que cantaba “Aleluya. ¡¡AAALELUYA!!” con las manos en alto y dando palmas al ritmo de la música, dejando a La Señorita en un segundo plano. Marqué el número de memoria y esperé… Esperé tres tonos. Cuatro tonos. Cinco tonos. “Hola Luci ¿Co-cómo va? No me cuelgues por favor. Te apetece cenar ¿Y hablamos?” digo una voz indudablemente nerviosa al otro lado del teléfono. “De acuerdo Max. A las 9 donde siempre” dije castañeando los diente por los nervios. Como por arte de magia con un último “Aleluya” se evaporó el coro, y Mi Señorita se acercó hasta mi oído y cuchicheó: “Nunca dudes de ti misma Luci, y menos de tus sentimientos”. Y con un chasquido se esfumó para siempre dejándome fuerte y con ganas de comerme el mundo y… Mmm… ¡¡A Max!!

fotografía: weheartit.com / texto: infinity hope©
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14 pensamientos en “Como pompas de jabón

  1. ¡¡Bien por esos arranques que nos salen a borbotones de la nada!!…. Y que engañadas/os estamos cuando pensamos “que no podemos” y nos sorprendemos haciendo o diciendo aquello que no sabíamos que somos capaces de hacer.
    ¡¡Bien por Max!!
    Besos.

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  2. Gracias por tus comentarios en mi blog. Por falta de tiempo no puedo entrar por aquí todo lo que quisiera, pero os agradezco enormemente vuestra fidelidad.
    Me encanta como escribes, yo también tengo un blog personal, pero el pobre está un poco abandonado por culpa del otro blog… pero algun día retomaré!!!
    Besitossssssssss

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  3. Qué bien escribes niña, un placer leerte!!! A ver si mis dudas existenciales, las que a mí me persiguen y acompañan desaparecen también…

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