Cuentos al anochecer

Esa calurosa noche las estrellas estaban parlanchinas y querían inventarse un cálido cuento antes de irse a dormir. Justamente se fijaron en una joven pareja al filo de un muro costero. Ella tenía las mejillas pecosas y los ojos enrojecidos de tanto llorar, pero el muchacho no se percató hasta que las traviesas estrellas le dieron un buen coscorrón. Lo vieron titubear pero al fin entornó los ojos en ella y le secó las gruesas lágrimas con un cálido beso. Habían mil dudas flotando por el aire pero los ojos de ella se posaron en los de él, tímidos pero con fuerza, sin vacilación, con empeño, con fijeza y… todo cambió. Dejando el pasado donde pertenecía y mirando con una exuberante sonrisa lo que estaba por venir. Ni ellos mismos tenían idea de lo que acababan de decidir con ese gesto.

Pasaron los años, con sus vaivenes, con sus alegrías y sus fríos momentos, con amor y con sentido del humor hicieron frente a cualquier situación. Los dos en armonía seguían visitando su mágico lugar salino, era su pequeño secreto, un refugio que con los años se convirtió en su confesionario al aire libre lleno de relucientes y simpáticas estrellas. Se escapaban de noche con el único sentimiento de libertad compartida, con afán por respirar la salada brisa y regalarse risas empapadas de amor. Las estrellas envejecían al son de las pecas de la hermosa mujer, y observaban como cada 16 de Junio esta pareja embotellaba nuevos sueños, algún que otro sueño frustrado, y hasta apasionados poemas que sorprenderían a algún anónimo curioso. Fueron pasando los años y con ellos crearon nuevos rituales pero durante 37 años las estrellas estuvieron viendo las preciosas pecas acompañadas del poblado bigote de su marido, pasando de un castaño claro a un blanco vivo en un par de guiños nebulosos. Pero este año el 16 de Junio estaba tocando a su fin y ninguna estrella vislumbraba a sus actores favoritos, ni un adelanto que les proporcionara la menor pista de donde podían estar. Casi tocaban las 12 de la noche cuando vieron al anciano correr hacia su merecido trono donde depositó un papel, escribió “Te quiero pequitas” entre pucheros incontrolados, lo enrolló dentro de la botella e introdujo todo su amor en ella. Poco a poco se acercó a la orilla del mar y arrojó la botella a el. Dejó los zapatos a un lado y sumergió los pies en la helada y cristalina agua hipnotizado por el rugido de las olas hasta la llegada del alba.  “Gracias por escribir este magnífico cuento y… Cuidádmela” dijo el anciano dirigiéndose al cielo. Con un último destello las estrellas se despidieron de él y cerraron la cubierta de su libro favorito.
 

fotografía: weheartit.com / texto: infinity hope©
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12 pensamientos en “Cuentos al anochecer

  1. Tras varios días sin casi poder abrir el blog, por temas de trabajo, hoy le dedico mas tiempo y vaya si merece la pena!
    Esta entrada tuya, es estupenda.Me relaja y por un minuto me olvido de todo, del cansancio y de los 3 días duros de curso que tuve…es un placer leerte.
    Un beso y gracias por tu comentario en mi blog!

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