¿Y si lo escribimos juntos?

“Dicen que el enamoramiento nubla la razón, te hace hacer cosas sin sentido, sientes como el estómago se contrae, se te seca la boca y dices cosas sin ton ni son. Perdonadme señores científicos pero a una servidora le pasa eso cuando está muy enfadada”. Marisa releyó su lacónico artículo y maldijo por la falta de inspiración. Resopló frustrada, sirvió un poco de agua con gas en su copa y se metió en la boca un trozo de bikini recién hecho. Empezó a teclear con ímpetu, sabedora del poco tiempo que tenía para acabar el artículo, y no apreció al atractivo y risueño guaperas que se sentó en su mesa. “¿Hablamos de casualidades? ¿Hablamos del amor a primera vista? Cuando chasquee los dedos y cuente hasta tres empezamos a crecer. Click. Un, dos y tres. ¡No existe tal milonga, despertad por favor!”.  El enigmático galán se aclaró sonoramente la garganta para atraer la atención de la escritora pero ella no se percató y siguió postrada al teclado. “…y seguidamente viene la crucial e importantísima primera cita. Una palabra para describirla podría ser ¿Romántica? ¿Especial? ¿Intrigante? ¡Absurda! Créanme, hoy en día es así de simple e ilógico ese momento tan esperado”. Marisa buscó a tientas la copa de agua y notó que alguien se la tendía desde su propia mesa. Un escultural muchacho con la tez blanquísima y ojos aceitunados se la entregó rozando sus elegantes dedos. Ella se llevó de inmediato el agua a los labios debido a la sed incontrolable, la dejó en la mesa y retiró el bikini de su vista porque se le había revuelto el estómago solo de verlo. Subió la mirada hasta observar al detalle la vestimenta de ese guapísimo muchacho y se fijó en su nuez que bajaba y subía coléricamente. Volvió la vista al portátil sin dejar intimidarse por ese espécimen inhumano, ese Dios ilegal, ese hombre creado únicamente para deleitar a sus ojos, ese… ese… Y con un fugaz movimiento de índice borró todo el artículo hasta dejar el documento en blanco y empezó de nuevo: “Hablemos del significado de la primera cita.  Ahí va una lista de cosas importantísimas que debemos recordar”. El Dios ilegal esperaba impaciente tamborileando los dedos contra los vaqueros cuando Marisa deshizo el nudo que tenía en la garganta y dijo con una voz demasiado estridente: “Peeeeeeeerdona, tengo faena”. Carraspeó, volvió a beber agua, blasfemó por lo bajini por lo tonta e inepta que estaba pareciendo y tecleó “Número uno: no esconderse detrás de un ordenador”. Y con un ademán rápido cerró el portátil y sonrió con encanto a esa criatura mitológica que le devolvió la sonrisa con un guiño de infarto.

fotografía: weheartit.com / texto: infinity hope©
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14 pensamientos en “¿Y si lo escribimos juntos?

  1. Han dicho por aquí que en las mismas circunstancias habrían tartamudeado…Yo con semejante Adonis no hubiera podido articular palabra. El rojo de mis mejillas habría contrastado con la pálida tez del muchacho de los ojos aceitunados….¿Quien sabe? A veces polos opuestos se atraen y quizá el Adonis se habría enternecido con mi reacción tan infantil jajaja.
    Como siempre, preciosos tus relatos cortos.
    Besos.

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