Cupido y sus señales (Parte I)

Siempre tenía preparado un plan B infalible, un plan C demasiado arriesgado y un plan D que era una locura, pero sentía que todo estaba bajo control. Era una persona maniática, muy muy muy maniática, obsesionado con la perfección, el control y con el amor. Sobre todo con el amor. Se describía a sí mismo como “El nuevo Cupido del siglo XXI” en todas las redes sociales y sus inagotables amigos acudían a él cuando el amor se tambaleaba y necesitaban redireccionar la flecha que lanzaba el angelito amoroso en pañales. En este caso fue Tony, el flamante Antonio Barreo, quien corrió hacía él hace un par de semanas en busca de su ayuda. “Tio AYUDA. Maite se ha ido” le escribió un mensaje Tony al borde de un ataque de nervios. Cogió la botella de Jack Daniel’s y se la llevó al sofá a la espera de la llamada de su amigo Cup y sus infalibles consejos. En la otra punta de la ciudad sonó un teléfono pero el sonido de la música ahogó por completo el desesperado mensaje. Cup estaba sentado en su enorme despacho, entre lágrimas y fotografías antiguas, cantando junto a Bebe “…Nadie sabe entender que quiero darte cada segundo, que quiero crear contigo un mundo en el que nadie nos impida, nos aleje o nos prohíba…”. Había volcado todos los álbumes de fotografías en la inmensa mesa donde atendía a los clientes más importantes de la empresa y no dejaba de recordar viejos momentos: la primera vez que vio a Maite junto a Tony, las miradas secretas, su primer beso tan torpe, tan lleno de amor, tan esperado, tan doloroso se fundía con el último hacía tan solo unas horas, los fines de semana en el campo y en la nieve,  las cenas a la luz de las velas en el jardín trasero de Cup…Todo era en total secretismo, sin caricias en público, sin llamadas y sin sorpresas, clandestino como pocas cosas había pero todo debía de estar expresamente cronometrado para poder estar junto a ella. Cogió el teléfono y releyó el mensaje de Tony una docena de veces hasta que soltó un liguero suspiro secándose el sudor de la frente e improvisó. Tuvo que recurrir a esa palabra que siempre había estado en su lista negra: la I-M-P-R-O-V-I-S-A-C-I-Ó-N. Le daban escalofríos solo de pronunciarla. Salió a toda velocidad de la oficina dejando un apresurado “¡¡¡Me cojo el día libreeeeeeeeeee!!!” en el aire y no aminoró la marcha hasta llegar a céntrica calle de la ciudad. Dejó todos los pensamientos junto a las fotografías y corrió. Sus musculosas piernas iban sin demasiada coordinación, dando pequeños tropiezos a cada paso pero eso no lo detuvo. Corría más de lo que su corazón hubiese querido, mucho más de lo que sus pulmones resistirían pero nada comparado con lo que él deseaba febrilmente.

CONTINUARÁ…
fotografía: weheartit.com / texto: infinity hope©
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