Cupido y sus señales (Parte II)

Cuando el desconcierto menguó notablemente cayó en la cuenta de que estaba en plena vía de la abarrotada ciudad corriendo como un poseso con uno de sus mejores trajes y una carísima corbata azabache que le oprimía el cuello sin descanso. Se quitó la chaqueta, la camisa y la corbata de un tirón y sonrió con fuerza llenándose los pulmones de aire rejuvenecedor. Miraba a su alrededor observando al gentío de manera calculadora y elegante, como solo Cup sabía hacer. Analizaba los ojos de las personas para detectar como se encontraba su corazón. Observaba. Tac-tac. Escaneaba. Tac-tac. E imprimía el resultado. A ese proceso tan peculiar suyo lo llamaba “El examen de Cup” y muy rara vez le fallaba la intuición en la conclusión final. Necesitaba sacar a pasear un rato a Cup para dispersar sus problemas de la mente pero no pasaba desapercibido con medio torso desnudo (nada desagradable a la vista de las féminas, todo hay que decirlo). Así que se aferró otra vez a la i-m-p-r-o-v-i-s-a-c-i-ó-n, ese sentimiento tan poco familiar,  y entró en un pequeño centro comercial del cual salió apresuradamente (y vestido, para gran decepción de las dependientas de la tienda de ropa), con un par de bolsas en las manos. Ahora estaba dispuesto a volar por la ciudad y por los ojos de los enamorados que habitaban en ella antes de actuar y resolver sus problemas. Iba en busca de miradas chispeantes de pasión, de pupilas dilatadas por el amor, de pestañas inquietas de felicidad hasta que se topó con unos ojos misteriosos. Los suyos propios. Vio el reflejo de ellos sobre el cristal de un escaparate en el cual había ciento de libros de todos los colores, tamaños y géneros. Y ahí estaba su mirada reflejada sobre la cubierta de su libro preferido desde hacía décadas. Tony le regaló el mismo ejemplar 22 años atrás cuando aún no existían ni Maite ni Cup en sus corazones. Y haciendo caso a la intuición (es lo que tiene ser un Improvisador Novel, IN lo llaman los expertos en corazonadas) compró el libro sin demora y voló hacía el asiento trasero de un taxi recitando la dirección al intimidante conductor. Se bajó del coche frente a un edificio demasiado ostentoso, abrió el portal con la llave (privilegios de ser Cup) y subió las escaleras hasta dar con el portal adecuado. Miró la robusta puerta durante un par de minutos y finalmente se decidió a dejar en el felpudo el libro y las bolsas que había comprado en el centro comercial. Retrocedió un par de metros para dar el visto bueno pero no le acababa de gustar el resultado del conjunto así que recolocó el libro y las bolsas (puntilloso a más no poder) y decidió llamar al timbre. Se apresuró a esconderse en una esquina para poder ver la reacción de Tony, que apareció en el umbral con una pinta desastrosa y una segunda botella de Jack Daniel’s a medio empezar en la mano. Recogió el libro y por instinto dio con la escueta dedicatoria de Cup “Hace años que somos Tony y Cup, y creo que va siendo hora de volver a ser Antonio y Héctor ¿Te apetece?”. Volvió a agacharse para inspeccionar las bolsas y explotó en carcajadas. Encontró tres botellas de Coca-Cola con un post-it que rezaba “Tienes secuestrado a Jack ¿Verdad?” y ese fue el causante de que acabaran olvidándose de Maite y brindando por el sentimiento tan fuerte que les unía. Aunque Héctor también brindó por la i-m-p-r-o-v-i-s-a-c-i-ó-n, por el taxista, por Cup, por cada una de las dependientas del centro comercial y por haberle sido fiel su plan A: quedarse con Tony.

fotografía: weheartit.com / texto: infinity hope©
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