Si, quiero… ¡Cambiar!

Las tradiciones vienen del absurdo aburrimiento y desde que nos dimos el “Si, quiero” Cameron me despierta todos los lunes con una patada en la espinilla ¿Por qué? Por eso mismo, por la rutina, para que me dé cuenta de que los días pasan y volvemos a principio de semana. Los martes toca pescado al horno para cenar, exactamente: Lubina con 4 rodajas de limón y 24 minutos de cocción, ni uno más ni uno menos dijo señor Perejil en uno de sus programas entre chiste y chiste. Los miércoles mi clásico marido me deleita con su “Especial Cam” que no es más que una simple tortilla de patatas con una gran “C” en la superficie hecha con kétchup. Y los jueves ¡¡Ay!! Los jueves son una gozada, créanme señores. Los santos jueves hago un wok de verduritas bien ricas y ligueras porque ocasionalmente (es decir, rarísima vez) acabamos bajo las sábanas de la casi virginal cama. ¿Entendéis cuando digo gozada, verdad? Si, ese tipo de gozada que experimentamos de vez en cuando al cocinar con una sola sartén. Los fines de semana son una locura, nos desmelenamos, hacemos irresponsabilidades de adolescentes ebrios al borde de un coma etílico como: ir a lavar el coche sin haber mirado la previsión del tiempo o tomar el sol de Abril a las 6 de la tarde con protección 30 y no 50. ¡¡¡Protección 30!!! Lo dicho: una locura irreparable la nuestra. Para salir de la tediosa rutina he confeccionado una lista con algunos propósitos. ¿Sabéis ese tipo de propósitos que se hacen el último día del año y la primera semana de Enero estás repasando la lista con un cupcake y un Marlboro en la mano? Pues de ese tipo, pero como sé que los meses de invierno tienen sobre sí la maldición, esperé hasta mediados de Junio y tener más posibilidades de éxito. Ahí van: A) Apuntarme al gimnasio. B) Pisar el gimnasio. C) Ir al gimnasio para hacer deporte y no solo sauna. D) Hacer los propósitos B y C más de una vez en la vida. Tumbada desde el sofá de casa engullendo palomitas veía un plan sin lagunas, todo correcto y tuve un brote de fe en mi misma. Así que sin demora fui al gimnasio más cercano, pasando por las seis primeras paradas de tren, las dieciséis de metro y los dos kilómetros a pie hasta llegar a él. Cogí el pack MF (Michelines Fuera) que era sin duda el más idóneo para mí y mis rollizas curvas. Al entrar al vestuario estuve tentada, demasiado tentada de ponerme el bañador, correr hacía el jacuzzi, tirarme “de bomba” y empezar a desnudarme para que cogieran la indirecta de que me quería bañar sola. Resistí. Me fui a una de esas máquinas-de-tortura-quema-grasas pensando en el Phoskito solitario que había al lado de las botellas de agua de la máquina dispensadora. 1 Phoskito. 59 botellas de agua. Ironías de la vida. Después de sudar, sudar y sudar volví a casa agotada a más no poder pero mi maridito tan servicial y domesticado tenía la Lubina con limón servida en la mesa. Saqué el merecido Phoskito de la bolsa, lo devoré ante la incrédula mirada de Cam y al acabar lo besé. A partir de ese momento las tradiciones en casa cambiaron y me convertí en una experta en hacer wok de verduras día si y día también.

fotografía: weheartit.com / texto: infinity hope©
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12 pensamientos en “Si, quiero… ¡Cambiar!

  1. Conozco muchas mujeres que se sentirían retratadas en este relato que nos presentas e incluso te quedas corta. Por suerte yo noooo…Menos mal.
    Me encanta el gimnasio y reunirme con mis amigas para entrenar, la rutina para mí no existe, toco madera… Y esa aburrida dieta de la que nos hablas…Tampoco, je, je…

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  2. Killa, las verduritas ligueras me han llegado al alma ¡¡Pensaba que era una errata!! Pero medio renglón mas abajo me has demostrado que lo tuyo es verdadera inteligencia y muchos juegos de palabras ¡¡Me encantas!! Cada día te quiero más.
    En cuanto a la protagonista de este relato, no tiene desperdicio, en el fondo todos/as llevamos un gordo/a dentro, un ser sedentario, perezoso y que el hecho de romper la rutina e improvisar yendo al centro comercial para comprar unos calcetines nos parece todo un atrevimiento. ¡¡Vivan los Phoskitos!!
    Besos solete.

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