Zurciendo las distancias

Un desgarbado muchacho entraba por la puerta del Auditorio Royal con un paquete en la mano. Sus pisadas quedaban ahogadas por un improvisado blues que resonaba en la sala principal donde centenares de bailarines ensayaban una y otra vez distintos pasos de baile. El chico llegó hasta una puerta que rezaba “Camerino 2”, tocó en ella con los nudillos y apareció una mujer rubia con un maillot color burdeos, a juego con sus enormes ojos. Le entregó el paquete, firmó la entrega y cerró la puerta. “Mi arma, la quinta caja de bombones de hoy. Ya me podrían regalar Jabugo, con su carnecita, con su olorcillo, con su… ¡Uh!” pensó Mary abriendo la caja de dulces. Cogió un bombón, se lo metió en la boca y sorprendida miró el CD que estaba enganchado en la tapa de la caja. “Mírame shiquilla” ponía con letras pequeñas. Eso le hizo tal gracia que se sentó en la butaca y metió, curiosa,  el disco en el DVD. En la pantalla apareció un muchachote moreno sentado en una silla que retorcía un papel entre sus enormes manos. “¿Ya? ¿Seguro? ¿Esto está grabando?” preguntó el chico nervioso. Mary se carcajeó y cogiendo la caja de bombones miró impaciente al muchacho que prosiguió. “Esto es más difícil de lo que imaginaba pero ahí va, shiquilla” digo con ese acento tan peculiar suyo y sonriendo con una dulzura casi empalagosa. Casi. “Se podrá coser de una y mil formas distintas pero como lo haces tú… ¡Ay! Como tú lo haces queda grabado para siempre y no importan los cientos de tsunamis y terremotos que pasen por esa ristra de hilos porque ellos siguen intactos. Tensos, fuertes y conservando su flamante color. Hace décadas que cosiste a mis labios un “te quiero” con hilo granate, junto a tu ennegrecida taza de cisnes en tutú frente al mar cada atardecer, tomándote tu tiempo entre puntada y puntada llegaste hasta la última letra, esa inacabada “o” que lleva demasiadas lunas atormentándome. Por ese motivo ahora seré yo quien siga tejiendo nuestra aventura pero no lo haré más tiempo desde Jerez. Debajo de todos esos besitos de chocolate está el hilo de nuestra historia. ¡Venga! ¡Sorpréndete!” digo el moreno suspirando aliviado después de abrir su corazón. Mary sin demora volcó la caja de bombones, llevándose unos cuantos hacía su boca, y observó una llave colgada de un llavero de plata que ponía “Home, sweet home” con letras brillantes. Después de esa revelación, la rubia jerezana se marchó a toda prisa para hacer un hueco permanente en los armarios de casa para su costurero favorito. Iban a seguir zurciendo a ritmo de un fantástico blues bajo el sol de San Diego.

  
fotografía: weheartit.com / texto: infinity hope©
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8 pensamientos en “Zurciendo las distancias

  1. Yo me muero…. Por una caja de besitos de chocolate.
    En mayo es mi cumple, si alguien está interesado en bordarme a punto de nudo su amor por mí yo estaré encantada de zurzir sus calzonzillos forever. ¡¡Ozú!!
    Besos.

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