Y habló en silencio

Su beso, por muy tímido e inofensivo que pareciera, en un susurro me contó lo que sentía desde hacía tiempo. “Que te hagan, que te prometan, que te digan, que te imploren… La verdad es que a mí me basta con que me beses. Sin miedo, con fuerza, sin duda y con pasión. Sentir todo, todito tu amor sobre mis labios me sabe deliciosamente feliz. Desde hace años mis penas menguan entre los lunares de tu espalda; el segundo lunar las encuentra y sin prisa, el tercero las ahuyenta. En cambio las alegrías se acomodan entre tu risa y la mía con unas ganas irrefrenables de no partir jamás. Ellas me miran con complicidad cada vez que sumamos una hasta que me retan. Me desafían a querer más y más, y por una extraña razón sucumbimos a esa felicidad sin temores. Los temores vendrán más tarde, eso seguro, pero mientras no se borren tus poderosas pecas seguiré a salvo y feliz. Y es aquí donde te propongo una cosa ilógica, demasiado absurda para que llegues tan si quiera a procesarla como se merece pero es sumamente necesaria. No me digas que aceptas a esta locura, todavía no. No antes sin saberla. Imagínate que el mejor chocolate suizo se esconde tras un marchito limón enmohecido. Seguramente dos tercios de la gente ni tocaría el limón por miedo a ensuciarse sus impolutas manos, pero ¿Y tú? Estoy seguro que tú harías algo completamente distinto para poder llegar hasta él. Qué se yo, hacerle cosquillas a Mr. Lemon y sacarle el cacao convertido en lágrimas de chocolate o llevártelo a una sauna hasta que se derritiera de placer.  Por ese motivo tengo que contarte de algún modo que anoche, cuando te dormiste, mis labios, tus pecas y yo tuvimos una larga conversación, ayudándome a quitar la última piel que había en mi limón. Y debido al caos que has formado en mi yo presente y futuro voy a contarte el propósito, algo inaudito para mi chocorazón: te voy hacer feliz durante muchas vidas más pero hay una nota en letra pequeña. Pone que no dejes de sonreír por más que duelan ciertos días, por más que la cuerda flojee sin motivo, por más que sientas que esto se derrumba, sonríe. ¿Lo harás?” El beso se acabó y con una iluminada sonrisa besé mi pequeño índice hasta ponerlo a la altura de sus ojos. Él me imitó con la alegría instalada en la cara y acercando nuestros dedos sellamos ese loco propósito.

fotografía: weheartit.com / texto: infinity hope©
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28 pensamientos en “Y habló en silencio

  1. ¡¡Ayyysss!!….Hoy toca romanticismo en vena.
    Este relato me recuerda cierto romance que tuve hace años…. Y es que aunque hayan pasado años, miriadas y miriadas de años, su espalda morena con sus lunares y mis lunares repartidos sabiamente en la geografía de nuestros cuerpos hacen que de vez en cuando sonría… Y también hacen que se me escape alguna lágrima ácida con aroma de limón cuando nadie me ve.
    Contigo pan y cebolla, digo pan y chocolate jajaja.
    Besos solete.

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