Latidos de la misma especie

“¿Y porque no?” Creo que ella se resumía en esa frase. Escueta. Valiente. Desafiante. Testaruda. Indudable. Siempre poniendo patas arriba las muchas vidas que tocaba, ya fuera, con un simple gesto, un pequeño guiño, una suave caricia o un pestañeo fugaz. Sé bien que lo hacía de manera inconsciente, quizás por eso fuera una temeridad dejarla sola entre tanta gente; gente buena, gente suspicaz, gente sincera, gente autónoma, gente con y sin maldad, gente entregada, gente de ciudad o de pueblo, de mar o montaña. Gente, al fin y al cabo, que se entreveraba en su camino y en sus locas ideas sin más interés que una oportunidad del destino para enseñarles que todo estaba de paso. Algunos se encaprichaban de sus manos pizpiretas, de su pelo color fuego y hasta de su sonrisa, la cosa más bella de este mundo y parte del otro; algunas envidiaban sus palabras danzarinas, sus ansias de soledad y hasta sus temores, los más inocentes jamás escondidos. Pero todo se desvanecía, sin tiempo a capturar ese instante, como la risa de un recién nacido, dejándote con el recuerdo de por vida calando hondo.

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¡Sálvese, usted que puede!” le aconsejó ingenuamente el maltrecho corazón a la razón, sin saber que ya llevaba el cálculo exacto de los segundos que faltaban para verla. Yo, hacía tiempo, quizás no tanto como mi pecho me hizo creer, que sentí su resplandor en las mejillas; fui sabedor de la luz que emanaba y muy sabiamente, decidí contemplar el sol desde la orilla del primer mar que topó conmigo. Un océano lleno de calma, de aguas cristalinas, que no lograba apagar el fuego que ella dejó en su día. Y, como todo lo que sube ha de bajar, como toda historia tiene un final, como todo loco tiene su momento de lucidez, una cálida mañana volvió a estrellar, de la manera más bonita que se pueda imaginar, a su corazón contra el mio.

Recuerdo cuando me dijiste que no importaba como hiciera las cosas porque lo que sale del corazón esta predestinado a salir bien. Y quererte, de la manera tan lunática como lo hago, es realmente lo que siento aquí. – acabé confesando al poco tiempo de nuestro reencuentro.

Entonces, pase lo que pase, a fin de cuentas, después de toda esta historia de prisas y vaivenes ¿estaremos juntos y felices?

Pero no había corazón ni razón que pudiera contestar a semejante pregunta, así pues, contesté lo primero que trepó por mi cabeza:

– ¿Y porqué no?

Sin duda, entre latidos de la misma especie era mucho más fácil hablar desnudos y entregados.9e6dfdf1da1c237bda17531b31f8030d

 

 


FOTOGRAFias: pinterest.COM / TEXTO: INFINITY HOPE©
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20 pensamientos en “Latidos de la misma especie

  1. Preciosa historia!!
    El corazón no se equivoca!, ese es mi lema en la vida, la razón no es importante si no va acompañada de este!!
    Gracias por regalarnos estos textos maravillosos porque te lo dicta el corazón.
    Mil besos

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  2. Sabes, tu ¿y por qué no? y el dialogo que lo precede me ha recordado la canción -aveces se enciende- “deja que diga que no te pediré que me quieras mientras vivas, pero palabra de amor no daré” de El último de la fila, y eso al menos para mi, son palabras mayores. Creo que tienes un don una virtud o llámalo como quieras, pero por favor no dejes de escribir!!! un saludo
    Almoesía

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    • “A veces se enciende, a veces se apaga la llama sagrada que tú y yo conocemos…” las comparaciones son odiosas pero en este caso me complace, aunque sólo sea una leve evocación, eso, para Hope lo es todo. ¡¡GRACIAS!!

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