Perrerías esporádicas de una enamorada

Últimamente todo podía resumirse. Las fotografías cabían en una insignificante tabacalera. Las historias venideras en una infusión a medio hacer. Los paseos matutinos en dos zancadas estrechas, distraídas y soñolientas. Los postres nocturnos amenazaban con desaparecer. Hasta el sol sintetizaba su luz a través de las rendijas de la persiana del nuevo destino. Todavía no me hacía a ello. Ni ello a mi. ¿Qué estaba sucediendo? Siempre he sido, desde lejos, longevidad, y el tiempo, desde siempre, un breve descuido. Un fugaz torbellino. Una braveza intermitente creando brechas aquí y acullá, al que nunca hubiera mendigado un par de segundos más. Unos descuidados minutos más.

Hasta una noche de palpable serenidad. Al abrir la puerta del rellano impregnado de colores de madera añeja y nuevo hogar, comprendí el corto andar de los últimos instantes: me acababa de enamorar. Yo, larga y fría razón sin corazón. Yo, demora y aplomo de temidas casualidades. Yo, paranoia y control de cualquier desorden. Yo, sin experiencias en mundos de dos.

Ya no había marcha atrás.4e5022d2edc3708df17f67be729b4d95

Con absolutamente todo lo que ello conlleva, me encontraba con el pecho recubierto de pétalos de amapola y jazmín; mismo olor, mismo tacto, mismo matiz, mismo tono, misma dualidad, misma sensación que la de las flores en los meses de primavera. Suave, al primer y último contacto con ellas. Viva, ante cualquier climatología. Bella, en todos los momentos del día.

Mis ojos tampoco eran ya del mismo verdor que tiempo atrás. Ahora contrastaban con un azul puro, azul libre, azul navegante que me llevaban hasta cualquier perrería esporádica de una enamorada río abajo. Río a contracorriente. Río a selva a través. Y cada día, más brechas temporales quedaban estancadas en ese color. Todo pareciendo inundado de un cambio constante a velocidad ilegal. Aquí no habían multas por exceso de velocidad; la primera y única regla del día era: ama, ama y carpe diem. Así que acallé, como pocas veces en la vida, y me subí a este tren ligero en mercancías.

Entre los dos acabamos por alimentarnos de fast love, haciendo esquemas de lo que vendría, comprando música y versos de todos los géneros, deshaciendo lo hecho sin camino que rehacer. Y así pesaba el reloj. Una sacudida menos versus un gramo de dicha más. Menos. Más. Menos y más. Y tic-tac-tic-tac. Inventando golpes de zapatillas para despistar al tiempo y ser expertos en laberintos con salidas para poder aprovechar esta vida y la que nos queda por resolver.35cf5dfe7fed425c4140c6ef42f2d31e


FOTOGRAFÍAS: PINTEREST.COM / TEXTO: INFINITY HOPE©
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4 pensamientos en “Perrerías esporádicas de una enamorada

    • Primero de todo, feliz año nuevo lleno de sueños por cumplir.
      Y segundo… Mil gracias. A Hope todavía se le salen los colores al recibir tales elogios ;P
      Nos leemos en un ¡YA!

      Abrazos a gogó!

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    • Ay que contenta se pone Hope al leer esto 😀 😀
      Me chifla que te guste mi humilde casita y sus muebles desparramados por doquier. Cuando quieras, la puerta está abierta, no hace falta que toques el timbre.
      Otra abrazo de vuelta!!!

      Le gusta a 1 persona

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