Nudos tras la piel

Hacía mucho que no coincidía conmigo misma frente al espejo. Tan de frente. Nuda de ilusiones. Enjaezada de realidad. Remangada hasta los codos de lo que fui.

Mis ojos, esos lagos bordeados de margaritas sin pétalos a los que preguntar, me mantuvieron la mirada fija más de lo desquiciadamente necesario. Segundo tras segundo enturbiándome las pupilas, y me quedé con ganas de preguntar. De ser una mujer impertinente como no estaba acostumbrada a ser. De dejarme poseer por el atrevimiento de la adolescente que un día lograría ser. De meterle el dedo en la herida, como una simple y molesta pestaña que hurga donde no es bienvenida. Pero no me dio tiempo a ser nadie. Sólo logré ser otro nudo tras la piel.

Reflejada en mi misma, la mirada bajó hasta mis clavículas y ahí ya me eché a reír. Retándome a seguir por el sendero de una piel llena de turbulencias. Creo que ya lo he dicho, pero hacía demasiado que no me veía desde esa perspectiva y me regocijé. Durante todo los instantes que pude. Y me senté sin pudores en una silla blanca, a juego con mis margaritas despellejadas.

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Atreverse a pasar por pieles llenas de fronteras es fácil, lo complicado es quererse quedar a vivir en ellas. E hibernar en cualquier época del año. E incubar recuerdos mejores que los pasados. Volver a plantar margaritas y esperar. Y esperar Y esperar. Y desesperar. Esperar en el ombligo sin resoplar. Esperar de brazos cruzados en las rodillas. Desesperar entre las estrías de las caderas que nunca más se irán. Esperar en la curva oblicua del nudo que se adueña del pecho.

El eco del espejo no deja indiferente a nadie. 

Últimamente me he estado visitando a través de filtros que pone el destino a mi disposición. Bajo las bombillas eclipsadas de las farolas de una calle que siempre sube, y nunca baja. Los domingos me cito en una roca de filos cóncavos y marejada convexa que lastima, y daña, y lesiona, y rompe tanto que nunca dejo de ir a hurtadillas hasta ahí. Un poco a la deriva. Y otro poco, esperando una zambullida.

Aun así, con todas las variaciones que acojo, siempre vuelvo a mi reflejo. A ese que hoy me acompaña. A ese mismo, que nudo a nudo me (re)construye los pétalos inscritos de mequiero.

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FOTOGRAFÍAS: PINTEREST.COM / TEXTO: INFINITY HOPE©

 

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4 pensamientos en “Nudos tras la piel

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